Así innovan el sector químico y el automovilístico

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En España, cada habitante gasta unos 1.260 euros al año en productos químicos. Si a esta extraordinaria demanda interna le unimos el factor de que el sector químico es uno de los mayores exportadores de nuestro país -con más de 32.000 millones de euros anuales en negocio exterior-, nos damos cuenta del enorme valor que esta industria tiene para el tejido empresarial.

Sin embargo, no se trata de un área exenta de retos, ya que la sociedad demanda innovaciones cada vez más rápidas y ágiles, algo a lo que los agentes tradicionales de este mercado no están acostumbrados: suelen pasar unos 10 años entre que surge un nuevo producto químico hasta que llega a comercializarse, tal y como explica Cristina González Alonso, secretaria técnica de la Plataforma Tecnológica Española de Química Sostenible, una entidad promovida por la Federación Empresarial de la Industria Química Española (FEIQUE).

De hecho, incrementar la velocidad de la innovación no sirve de nada si no se acompaña de un modelo sostenible, desde la propia creación de nuevas soluciones químicas hasta su incorporación como base de «soluciones globales y sostenibles a problemas relacionados con la energía, el cambio climático, el agua, la alimentación, el crecimiento demográfico, la salud o la protección del medio ambiente», afirman desde FEIQUE.

En esta línea tan amplia de actuación entran en juego muchísimos campos en los que poder desarrollar nuevas ideas, desde materiales más eficientes hasta formas rompedoras de almacenar la energía, pasando por procesos de fabricación de combustibles que sean más competitivos, más limpios y menos sujetos a la fluctuación tan bestial que afecta a las materias primas. También bajo este modelo de sostenibilidad (y dentro de una corriente filosófica más amplia denominada ‘economía circular’) destacan proyectos como los de almacenamiento y reciclaje del CO2, que pasa de ser un gas perjudicial para el clima a ser la base para fabricar todo tipo de materiales gracias a la química.

Las estadísticas reflejan que apenas el 27% de las compañías industriales españolas son innovadoras, pero este porcentaje se dispara al 60% en el caso de las empresas químicas y al 75% si nos fijamos sólo en el segmento farmacéutico. No en vano, el éxito o el fracaso de este mercado está íntimamente relacionado con el devenir de su capacidad de investigar y desarrollar nuevos productos que den respuesta a las recientes demandas de la sociedad.

Un esfuerzo transformador que, en España, se materializa en que la industria química concentra un cuarta parte de todas las inversiones privadas dedicadas a I+D+i, con un total de 807 millones de euros invertidos al año a estas tareas, según datos del INE. Asimismo, más de 7.830 investigadores -una quinta parte de los empleados en empresas industriales- trabajan en el ámbito químico. Todo un mundo de ciencia e innovación que se esconde tras la inmensa mayoría de productos que usamos en nuestro día a día.

Coches con 1.000 millones de I+D detrás

Si el plan PIVE ha salvado a la industria automovilística española (ayudando a conservar más de 6.260 empleos y revirtiendo 13.542 millones de euros a la economía de nuestro país), la verdadera consagración de que este ámbito industrial está superando la crisis económica es la progresiva democratización del coche conectado, antesala de los vehículos autónomos.

«Un automóvil tiene ahora más de 500 semiconductores, más que cualquier ordenador. Aspiramos a tener un coche conectado, convertido en una nueva pantalla para el usuario», explica Mario Armero, vicepresidente ejecutivo de ANFAC.

Armero reconoce que, en un futuro cercano, ya no importará cuánto corre el coche, sino que ofrezca servicios digitales de valor añadido, tanto de entretenimiento como de navegación o seguridad. «Estamos desarrollando también todos los elementos de autonomía en diferentes grados. También estamos inmersos en la movilidad sostenible porque se demandan coches más eficientes energéticamente. Y eso es también es tecnología, la necesaria para reducir las emisiones», defiende Armero.

Ante tamaño desafío propuesto por los consumidores, la inversión en I+D dentro de la industria automovilística crece a tasas del 8% en el mundo, una vez superada la crisis global que paralizó la compra de vehículos entre 2008 y 2013. O, dicho de otro modo: 1.000 millones de euros al año invertidos por la industria del coche en innovación y desarrollo dentro de nuestras fronteras, siendo el segmento de actividad nacional que más gasta en esta parcela.

Fuente: http://www.elmundo.es/economia/2016/07/14/5787b9bb22601d09598b4656.html

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